Quiso ser abogada de capos y terminó presa por doble homicidio

La mujer fue considerada coautora del doble homicidio de Rodrigo Naged Rodríguez y su hijo Jhon, dos ciudadanos mexicanos que había representado legalmente durante una causa por narcotráfico.

03/07/2018
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Por María Iribarne

Julieta Bonanno es ambiciosa. Recibió su matrícula para poder ejercer como abogada a las 26 años. Y, desde entonces, fue una tromba casi imparable para los jueces y fiscales de Morón. Sobretodo, para Claudia Fernández, a cargo de la fiscalía especializada en narcotráfico y trata de personas, con quien la joven abogada de Ituzaingó mantuvo un duro enfrentamiento.

Bonanno solía jactarse, en mesas de entrada y despachos, de sus buenos contactos con narcos mexicanos. Relató, en más de una oportunidad, cómo había llegado a reunirse con los jefes en la paradisíaca Cancún. También, que gababa más de 100 mil pesos por mes.

En Tribunales, la conocían por maniobras turbias que habría orquestado en las mesas de un conocido bar de Morón. Allí, según dijeron, se reunía con sus clientes o sus familiares y les pedía dinero para coimear a los agentes judciales. Uno de ellos, la denunció.

Nada la detuvo. Escaló hasta convertirse -aún no está claro cómo- en la defensora del colombiano, nacionalizado mexicano, Rodrigo Alexander Naged Ramírez, uno de los narcotráficantes envueltos en el la causa que impulsó uno operativos más importantes del país: Bobinas Blancas.

Fiel a su estilo, no tuvo reparos en jactarse ante la policía de haber sido la responsable de su liberación, ante los cadáveres de Naged Rodríguez y su hijo Jhon, en el departamento de la Avenida Cabildo al 2600 que ambos hombres habitaban hasta ser asesinados por un sicario, el 4 de abril de 2018.

Las contradicciones, pericias y cámaras de seguridad derrumbaron la coartada de Bonanno, ahora recluída en prisión, por orden del juez federal de Campana Adrián González Charvay, al considerarla coautora del delito de doble homicidio agravado por haber sido cometido con alevosía, con el concurso premeditado de dos o más personas y por el uso de arma de fuego.

En el procesamiento, el magistrado destacó que la relación de confianza entre la abogada y las víctimas fue clave para organizar una emboscada.

“En este tenor de asesinato, los homicidas planearon el crimen de tal modo que no hubiera testigos ajenos, cometiéndolo en la soledad de la vivienda de las víctimas, que no podían imaginar lo que ocurriría. Esta situación no fue casualidad, formó parte del plan previo urdido para matarlos a traición, impidiéndoles de ese modo ser socorridos y/o que pudieran ejercer alguna defensa para evitar el ataque mortal que sesgó sus vidas”, escribió Charvay en el procesamiento.