Qué dijo el papá de Candela sobre Sancho, el último capo narco capturado

En una de sus declaraciones, Alfredo Rodríguez, padre de la nena asesinada en Hurlingham, dio detalles de su relación con uno de los capos narcos de la Provincia, con base en el partido de San Martín.

20/11/2017
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Por María Iribarne

Entender los silencios y omisiones en el discurso de Carola Labrador sobre el crimen de su hija, siempre fue difícil. Sin embargo, la explicación podría hallarse en la trama aún oculta del caso, donde la mafia policial, el narcotráfico y la piratería del asfalto se unen en un escenario que inspiraría temor en cualquiera, incluso, en los propios padres de la víctima.

Durante un extenso período de tiempo, los narcos que dominan el territorio de San Martín fueron afectos a los secuestros breves, más conocidos como "cortitos", una modalidad destinada obtener algún beneficio, la simple rivalidad, para extorsionar o ejecutar un venganza. El asesinado de Candela Rodríguez podría haber encontrado su origen en ese marco.

Por lo bajo, en ese distrito del conurbano, el nombre del empresario Gustavo Sancho sonaba vinculado al narcotráfico. Las mismas voces creen que el secuestro de su hijo Alan, en 2009, fue parte de un ajuste de cuentas o un intento de extorsión que sancho logró dirimir sin pagar un centavo. Alfredo "Juancho" Rodríguez, el padre de la nena asesinada, es uno de las personas que abonaron esas hipótesis. Y lo contó a la justicia tras el hallazgo del cuerpo de su hija. Estás son fragmentos de su testimonio:

“Una semana antes de que desapareciera mi hija, (…) todo el mundo andaba diciendo allá en el barrio Zapiola, que yo había sido el buche que cortó a Boscolo y traicionó a Gustavo” (en relación a otro presunto narco y a Sancho).

“Las únicas personas que considera que podrían querer perjudicarme con un hecho de tal magnitud, sería la banda de Boscolo y Sancho, que manejan la droga en San Martín, a los que conozco de toda la vida”.

“Hace unos ocho años, un tal Walter Bulacio, recibió una mercadería que yo le había dado para reducir. Nunca más me la pagó. Me debía 10.000 pesos por esa mercadería. Le pedí al Topo Moreira (un informante de la policía que estuvo preso en la causa) que vaya a apretarlo para que le devuelva la plata, y entonces el Topo, le pidió a unos policías amigos, que estaban buscando a Gustavo Sancho”.

“Estos polis lo iban a ir a apretar a Bulacio, y le sacarían la plata para mí que me debía. Le pidieron unos 25.000 pesos. Bulacio les ofreció un dinero más, pero con la condición de que le dijeran quién era el buche que lo había mandado a apretar. Los policías le dijeron que fui yo”.

“Los policías me llaman para decirme que me iban a dar la plata. Cuando me acerco a la plaza de Villa Ballester a buscarla, me dicen que la plata la iba a poner en unos días, y como condición nueva, los policías me piden que entregue a Gustavo Sancho”.

“Yo a Gustavo lo conocía de chico, yo me críe con él, vivía a la vuelta de mi casa allá en el barrio Zapiola de San Martín. Gustavo ya andaba vendiendo droga, y por eso los federales lo buscaban, ellos ya sabían que Gustavo andaba bien de plata y por eso lo buscaban”.

“Les dije a los policías: 'a Gustavo no te lo entrego'. Y como a los veinte días, un mes más o menos, le cayeron al departamento de Gustavo que vivía en el centro de San Martín. Que ahí lo reventaron, le dieron vuelta la casa, y le pidieron plata para arreglar”.

“Gustavo dice que sí, pero con la condición que entreguen al buche. Los policías le dicen que el buche fui yo, pero en realidad, como siempre, fue el tal topo Moreira, quien juega a dos puntas siempre”.

“Gustavo me amenazó a mí de muerte, personalmente, me dijo: 'Fijate lo que andas haciendo, yo a vos te voy a matar'. Y al poco tiempo, revientan la cocina de Gustavo que tenía Boscolo y Boscolo cae preso”.