Cierre de la fábrica Rousselot: "Estamos convencidos que esta lucha se terminó"

Tras estar seis meses sin funcionar y con la firma, en los próximos días, de la rescisión de la habilitación de la empresa, los vecinos celebraron el cierre definitivo de la fábrica de gelatinas que denunciaban desde hace 40 años por contaminar el barrio.

30/10/2018
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SN Online

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Hurlingham

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Pasaron cuatro décadas desde el día en que un pequeño grupo de vecinos de Villa Tesei se enfrentó por primera vez a la fábrica Rousselot. En ese momento habían logrado una clausura por 96 horas. Es que el olor nauseabundo que emanaba durante la producción era insoportable.

Y desde ese día la lucha nunca se detuvo. Con el correr de los años comenzaron a darse cuenta de cómo el tratamiento de la materia prima que llevaban adelante dentro de la empresa, afectaba su salud y el medio ambiente. Fue así que recurrieron a diversos organismos y a las autoridades locales, pero sin suerte.

Tuvieron que pasar 40 años para ver los frutos de esa pelea constante, pero valió la pena. En los dos últimos años, sus reclamos fueron escuchados por el defensor del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, Guido Lorenzino, y por el intendente Juan Zabaleta, quienes intervinieron para encontrar una solución.

Así, el reclamo se transformó en una causa contra la empresa y, en abril, el juez de Faltas de Hurlingham, Rafael de Francesco, ordenó la clausura por tiempo indeterminado. Las medidas judiciales que presentó la compañía no prosperaron y, por ende, no volvió a abrir sus puertas.

Desde entonces, los cambios, según contó a SN Online Oscar Cragno, uno de los vecinos que encabezó la protesta, se notan. "Es increíble, pero las plantas crecen de otra manera y las flores tienen un brillo que jamás habíamos visto. Hay más cantidad de pájaros, que habían desaparecido, y sentimos que respiramos aire puro, es notable como mejoró todo", precisó.

Además, confirmó que el edificio se encuentra abandonado, ya que "no hay movimiento de personas en su interior, los piletones están vacíos y los yuyos tienen un metro de altura": "Tenemos entendido que sólo está funcionando como depósito. Además, sigue estando el patrullero en la puerta para impedir cualquier ingreso de materia prima".

El cierre definitivo es inminente y el sueño de los vecinos de ver su clausura para siempre está a un solo paso. Es que el jefe comunal se comunicó esta semana con Cragno para informarle que en los próximos días iba a convocar a todos los vecinos para participar de la firma de la rescisión de la habilitación de la empresa.

"Fueron muchísimos años de exigir cosas y que nadie nos escuchara. Afortunadamente, recibimos el apoyo necesario y estamos convencidos que esta lucha se terminó", concluyó.