Chike, el corto premiado en el exterior con marca registrada en el Conurbano

Lucía Ravanelli y Lucas Perna Gutiérrez son los creadores de Chike, el cortometraje que ganó, entre otros galardones, el premio absoluto del XIX Certamen Internacional de Soria. Oriundos de Ituzaingó y Morón, ambos cineastas retratan la historia de dos adolescentes que deciden experimentar sus deseos juntas.

05/01/2018
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PALABRAS CLAVES

Adolescencia, género, amor y soledad, son los tópicos que recorre el corto dirigido por Lucía Ravanelli, con un gran guión aportado por Lucas Perna Gutiérrez. Desde su estreno, el film logró instalarse en los primeros puestos de los certámenes nacionales e internacionales.

El corto aborda la historia de Ana y Carla, dos jóvenes que transitan juntas los caminos sinuosos de una etapa marcada por los sentimientos y los cambios.

SN Online dialogó con su directora sobre el proyecto, la actualidad del cine nacional y los desafíos en la industria.

¿Cómo definirías Chicke teniendo en cuenta los objetivos que te planteaste sobre qué mostrar con este corto?

De alguna manera Chike surgió con una imagen disparadora que apelaba a cosas fundamentales que transitamos en la adolescencia, que es el amor y el desamor, la aceptación y la soledad. 

El mundo adulto lo que hace, muchas veces, con los adolescentes es apartarlos de la posibilidad de poder desarrollarse porque los juzgan, los subestiman, les marcan errores. Y esa imagen disparadora de una chica mirándose al espejo con las mamas fajadas y que otra chica venga a darle un beso, se la compartí a mi compañero Lucas y, a partir de eso, comenzamos a idearlo.

Los personajes, en principio, queríamos que sean más chicos, pero después nos dimos cuenta que estábamos buscando algo de 16, 17 años, cuando la sexualidad está un poco más despierta. Queríamos transitar esa pequeña historia de dos chicas, de la que una de ellas quiere ser un chico.

¿Cómo crees que aporta al debate sobre la identidad de género?

El movimiento transgénero está pisando bastante fuerte aquí en la Argentina y en Buenos Aires. Son personas muy interesantes de escuchar para poder repensar los conceptos de mujer-varón, de cómo están tan construidos culturalmente y a partir de eso nos pareció muy interesante investigar qué significa el transgénero.

Además, en la adolescencia se pueden desarrollar ciertas condiciones de la sexualidad y la identidad. En esa etapa, estamos constantemente intentando generar identidades, todos quisimos pertenecer a algo, definirnos de alguna manera por la música que nos gustaba, las películas o lo que fuera. Obviamente, lo que se refiere al género es mucho más tajante, más definitivo, y nuestro personaje viene sintiendo de antes lo que le está pasando. En el corto lo que se ve es la transición, cómo pone en práctica eso que se siente.

¿Qué importancia tiene para vos como directora haber transitado instituciones públicas como la ENERC y la Universidad Nacional de La Matanza?

Es muy importante porque la educación pública permite que cualquier persona pueda acceder a un derecho básico como es estudiar. Después se puede discutir quienes efectivamente acceden a una universidad, pero lo que tiene la institución pública y gratuita es que te permite ver otras realidades, charlar con otras personas y ver diferentes puntos de vista tanto en el periodismo como en el cine.

La posibilidad de ir a una institución privada de cualquier carrera de grado es mínima para muchos. Yo estaba estudiando Comunicación Social en La Matanza y de repente quedé para ingresar al Enerc, que es la escuela del INCAA, donde sólo entran 70 estudiantes por año. Entonces tuve que dejar la carrera de Comunicación, pero fue muy importante pasar por ahí, y seguiré transitando estos lugares porque creo que hay que defender estas instituciones siempre.

¿Cuáles son los problemas que enfrenta hoy la producción cinematográfica nacional?

Hay muchas noticias, que siempre apuntan a lo mismo respecto a lo que está sucediendo con el INCAA, que es el achicamiento de la apuesta al cine.

Siempre tuvimos un problema muy grande que es que efectivamente se vean películas nacionales en salas. Hay muchas producciones locales que son muy virtuosas, pero el público no las conoce, no sabe ni que existen.

En principio, hay un conflicto grande con la distribución porque pocas personas se encargan de distribuir y de hacer efectivo que en todas las salas del país se vea cine argentino, eso se llama cuota de pantalla, que hace muchos años que no es respetada. Y se da porque vienen los tanques norteamericanos, imponen sus películas y tienen más posibilidades de que se vean masivamente, tienen bastantes copias, preponderan porque venden muchísimas entradas, entonces la producción nacional queda relegada.

Pero, por otro lado, supongamos que invertimos y hacemos todo eso que ahora no tiene lugar, de todas formas, hay que educar al público para que vea y se identifique con el cine nacional, porque si no va a seguir eligiendo más a otras producciones. Y para eso necesitamos la ayuda del Estado.

Antes de que asuma el presidente Macri, se había apostado bastante a lo que es la cultura cinematográfica, pero, justamente, la pata de la cuota de pantalla y la distribución faltó. Por lo tanto, las 180 películas que se estrenaban por año no encontraron un público. Y ahora retrocedimos aun más porque también están achicando el presupuesto del INCAA.

Desde el Gobierno dicen que hay una sobrejecución del presupuesto y por eso no pueden dar más créditos. Pero ese dato es muy irreal porque las personas que estaban trabajando en el cine se quedaron sin laburo y algunos no cobran hace seis meses. En el Senado, el mismo presidente del INCAA confirmó que había subejecución, es decir, que del presupuesto no se ejecutó la totalidad. 

Si el Estado nacional te baja la persiana, es muy difícil poder hacer cine y seguir alimentando esta pluralidad de voces. Y si en dos años estas personas no recapacitan, el cine se va a ver muy afectado.

¿Qué lugares quedan entonces para poder ver producciones nacionales?

Pocos. Hay muestras, como el ConurDocs, que son importantísimas. Lo que pasa es que requieren mucho trabajo, y las personas lo hacen por amor al cine y para que el público lo pueda ver. Por eso es tan valorable que nosotros, que participamos del desarrollo cultural, podemos generar estos espacios y que se puedan ver en diferentes zonas.

Lo que sucede también es que si las películas no tienen mucho lugar, los cortometrajes mucho menos. Acá en Argentina, los que recién comenzamos a pisar la producción cinematográfica y a ganar premios, lo hacemos con cortos. Y éste tiene lenguaje muy particular. Es una historia chiquita y que puede disparar un montón de debates y visibilizar realidades. 

Por ese motivo, sería muy interesante que pueda haber más circuitos de cortos y que el INCAA pueda generar alguna vía más accesible, porque ahora solo hay concursos que son acotados, porque de los miles que se anotan ganan muy pocos. Generar estos espacios es fundamental.

Próxima proyección:

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